En el principio era el Verbo. ¡Hágase la luz!, dijo Dios, y la luz se hizo. Y así fue diciendo o hablando Dios con su palabra, y el mundo y sus cosas fueron siendo, incluido el hombre.
¿Dónde estás?, preguntó Dios a Adan, y éste le contestó: Oi tu voz y me dió miedo y me escondí...Haz desobedecido, maldito serás sobre esta tierra, y comerás el pan con el sudor de tu frente, sentenció el Señor.

¡Levántate, Lázaro!, dijo Jesús, y Lázaro se levantó.

Cruxifícale, clamaban los judios ante el romano Poncio Pilatos, que aceptó y se lavó las manos.

Suelta la bomba, tuvo que decirle el presidente de los Estados Unidos al piloto que la arrojó sobre Nagasaki...

Como ven, el poder de la palabra es innegable e incommensarable. Con ella se puede matar, desalojar, desplazar, desterrar, negar, humillar, consolar, fortalecer, animar, abrazar, enamorar, entre otras cosas.

La palabra es la herramienta mayor que tenemos los seres humanos para construir un mundo mejor o peor.